viernes, 29 de diciembre de 2017

Argentina: ¿país marítimo?


La relación de la Argentina con el mar pareciera apoyarse en ciertos puntales: el intelectual, el veraniego, el rentístico y el sumarial. Algo así como el cuarteto del mar, música que suena a marejadas, pero que sin acompañamiento no tiene más trascendencia –ni realidad– que el sonido a playa de un caracol.
Argentina, uno de los países más importantes del mundo en producción de alimentos, tanto como en extensión costera, cuyo territorio es además atravesado por el Paraná -una de las principales hidrovías del mundo- pero que no exporta a ese mundo de ultramar un solo grano en buque de bandera argentina, ni participa con sus embarcaciones más que del 2% del flete regional fluvial, ¿puede catalogarse como país “marítimo”?
Si de pesca se trata, en el “ranking” de puertos argentinos, Ushuaia ha disputado con Puerto Deseado, en estos veinticinco años, el tercer y cuarto puesto en desembarco de capturas, llegando en algún momento a ser el segundo, después de Mar del Plata. Pero si en Mar del Plata la pesca significó multiplicación de talleres, servicios, almacenes navales, factorías en tierra y diversidad de emprendimientos y empleos relacionados, en Ushuaia la pesquería implicó la transferencia de la bodega del pesquero de altura al buque mercante. Pesqueros de altura que suelen pescar a vista de costa, para proveer materia prima a establecimientos alejados de la tierra fueguina. Provincia generosa: mientras apelamos a la soberanía, nos preocupamos por empresarios y puestos de empleo en tierra. Siempre y cuando estén a miles de millas.

Respecto a la Antártida, la proximidad constituye nuestra ventaja pero alimenta simultáneamente el criterio rentístico que nos caracteriza como país no marítimo, como si la geografía fuese un mérito. En buen romance, damos vuelta las cosas: en vez de incentivar un ámbito de servicios, en que Ushuaia sea atractiva no solo por su cercanía sino por la eficiencia operativa, administrativa y económica, el buque antártico se transforma en una vaca obligada a pastar en el corral propio, con forrajería única y al costo de exprimirle toda la leche posible. Vaca atada. Por ahora.

“Mapa bicontinental” y “Límites definitivos de la Provincia”. Leyes de cuño fueguino. Polenta soberanista para consumo propio, que satisface pero que, como alimento exclusivo, solo engorda. Quien navegue aguas polares, sabe que debe apelar a cartas náuticas digitales británicas y chilenas. Más de una década sin hacer mayormente hidrografía antártica. Poca cosa –la batimetría– en un país cuya relación con el mar se ha vuelto intelectual más que de acción. Unico país sudamericano cuya cartografía antártica “disputaba” con Gran Bretaña, hoy debe aceptar que los mapas del mundo llamen “King George” a Isla 25 de Mayo. No hay más remedio; los ingleses investigan, pero invierten paralelamente en cartas náuticas. Chile también; navéguese la entrada a Isla Decepción, a ver qué argumentos prácticos esgrimen quienes pontifican sobre la toponimia antártica argentina.

País que hace cuarenta años desarrollaba buques científicos (CONICET-ARA Puerto Deseado), actualmente los importa (INIDEP-Angelescu). El desarrollo industrial marítimo, resultaría hoy extrañamente ajeno al sector que vincularía los “saberes” con la producción. No satisfechos, reemplazamos marinos mercantes por tripulantes prefectos o militares para disminuir costos y conflictividad laboral. Un Estado con fueros para obrar aquello que no toleraría a empresarios. ¿Y la orientación para quien afronta paritarias, impuestos y leyes laborales? La sobrepesca, ¿es fruto exclusivo de la ambición? ¿Cómo guía el Estado, a los propios empresarios y pescadores a los que exige?

En ese contexto, iniciativas tipo Pampa Azul -u otros proyectos- podrían transformarse en un café con leche de fondos públicos, con diferentes actores disputando por mojar la medialuna. Algunos desde pedestal académico o institucional. Otros, sin más destino que servir de decoración necesaria al interés declamativo por el desarrollo marítimo, llámese empresarios o trabajadores. Y el problema real, es que no hay país marítimo del mundo sin gente de labor, empresarios ni industria naval.
Podríamos seguir enumerando cuestiones puntuales, pero cabe repreguntar: ¿somos un país marítimo?

Finaliza 2017, año de hundimientos. Allí están, custodiando los fondos marinos, nuestra gente del Pesquero Repunte y el ARA San Juan. Más allá de nuestras emociones, merecerían un país dispuesto a replantearse su proyección y desarrollo marítimos. Ese sería un verdadero homenaje. Se lo ganaron con sus huesos. 




 

domingo, 3 de diciembre de 2017

ARA SAN JUAN

SUBMARINO ARA SAN JUAN


"El Ministerio de Defensa y la Armada Argentina lamentan que la apresurada difusión e interpretación de las imágenes obtenidas, sin ser antes contrastadas con otros sensores, y sin el riguroso análisis del Centro Coordinador SAR en Puerto Belgrano, hayan despertado lógicas expectativas en los familiares y en la sociedad toda, teniendo que enfrentar ahora una nueva frustración.
Mantenemos el compromiso de informar, siempre con la verdad y transparencia, todo dato verificado, privilegiando el previo conocimiento de los familiares de nuestros 44 camaradas".




Desde el Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y Cabotaje Marítimo seguimos, desde la primer noticia y con enorme preocupación, la suerte del Submarino ARA SAN JUAN y de sus tripulantes, todos ellos custodios del Mar Argentino.
Nos emociona - y duele - tanto su suerte, como hace unos meses nos impactaba el naufragio del pesquero REPUNTE, o como nos afecta todas y cada una de las vidas que el mar, el duro oficio del mar, cobra como tributo a quien se lance a trabajar y custodiar sus aguas.
No hay diferencias entre uniformados o trabajadores marítimos cuando el mar cobra ese tributo.  Todos se hermanan ante las profundidades, todos son argentinos, todos aportan lo suyo por el ejercicio pleno de la soberanía en el mar, todos dejan familias en tierra.

Ante el anuncio, por fuera del sistema de información oficial de la Coordinación de la búsqueda, del posible "descubrimiento" del submarino ARA SAN JUAN por parte del buque del INIDEP, "ANGELESCU", no formularemos más que un par de apreciaciones.

En primer término, como profesionales del mar, sabemos que es el Coordinador de la búsqueda quien debe evaluar multiplicidad de datos, contrastarlos y finalmente manejar en forma oportuna y racional la información que provee a las familias y comunidad en general.  Quien haya afrontado situaciones de este tipo, sabe que cada buque no debe ser una unidad en sí misma, sino parte de un equipo. La información que se obtiene va directa y exclusivamente al coordinador del operativo para su manejo, no a alimentar vocaciones mediáticas ni lucimientos particulares.

En segundo lugar, más allá de apreciaciones técnicas o profesionales, simplemente hay cosas que no se hacen.  Hay familias del otro lado.


Que Dios bendiga a nuestros marinos del Submarino ARA SAN JUAN, custodios del Mar Argentino, a sus familias y a todos los hombres de trabajo y buena voluntad que hay en nuestro país.