PREFECTURA NAVAL ARGENTINA
29 de SETIEMBRE DE 2016
DIA MARITIMO MUNDIAL 2016
ACTO CENTRAL EN LA PREFECTURA USHUAIA E ISLAS DEL ATLANTICO SUR
Palabras pronunciadas en representación de las Delegaciones en Tierra del Fuego de la
Liga Naval Argentina
Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y Cabotaje Marítimo,
Liga Naval Argentina
Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y Cabotaje Marítimo,
y Carrera de Ingeniería Pesquera de la UTN - Facultad Regional Río Grande.
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En
primer término, deseo agradecer al Jefe de la Prefectura Ushuaia e
Islas del Atlántico Sur, Prefecto Mayor Gustavo Hanza, y a través
de él a todo el personal de la dependencia, la gentil invitación a
exponer unas palabras con motivo del Día Marítimo Mundial. Este
gesto no hace sino testimoniar la consideración que nuestra
Prefectura Naval tiene por quienes somos partícipes de la actividad
marítima nacional y local.
Con motivo del Día Marítimo Mundial 2016, el Secretario General de las Naciones Unidas ha difundido un mensaje en el que expresa que “el transporte marítimo es indispensable para el mundo y para el Desarrollo Sostenible”.
Me
voy a permitir formular unas reflexiones al respecto. Conforme el
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el desarrollo
sostenible se apuntala en tres columnas: medio ambiente, desarrollo
económico y desarrollo social. Por lo tanto, la falta de uno solo de
los tres pilares, implicaría que no pueda hablarse rigurosamente de
Desarrollo Sostenible, en el sentido en que lo hace el propio
Secretario de las Naciones Unidas para referirse al día marítimo
mundial.
De
este modo, resulta interesante observar cómo se manifiesta el
“desarrollo sostenible” en la actividad marítima argentina
actual. Y ésto lo podemos sintetizar del siguiente modo: no hay
ningún buque de ultramar de bandera argentina llevando al mundo
productos de exportación. Se trata de la menor actividad marítima
internacional de la marina mercante argentina, probablemente en un
siglo y medio, siendo difícil establecer fielmente en qué momento,
desde la independencia, no hubo un solo buque nacional surcando los
mares del mundo.
Si
vamos al ámbito fluvial y analizamos la principal vía de navegación
interior de Sudamérica, la Hidrovía Paraná Paraguay, veremos que
la Argentina participa hoy en un 2 % del flete regional fluvial. Para
ponerlo en términos históricos, la situación podría ser, hoy,
peor que en los días posteriores a la Vuelta de Obligado. Y además,
sin necesidad de flotas de guerra extranjeras abriendo los ríos
argentinos, a la fuerza, para su navegación mercante por banderas de
otros países. El país pone las poblaciones ribereñas que más se
perjudican, en la región, por las crecidas y fenómenos naturales
vinculados a la vía de navegación, pero no pone ni los buques ni la
gente que los tripula.
Contar con servicios portuarios y vías navegables, no hace al carácter marítimo del país, sino que puede solamente ser indicio del flujo de exportación e importación de productos. Segundo Storni, Almirante de nuestra Armada Argentina, hace un siglo preguntaba: “¿Es que hemos de permanecer enclavados en la tierra, para arrancarle sus frutos, y esperar que otros los transporten, que otros nos comuniquen con el mundo?". La realidad, pareciera indicar que si.
Debemos
admitir, a esta altura, que no tenemos marina mercante porque la
bandera argentina no permite que los empresarios puedan competir ni
en la Hidrovía, ni en el mundo marítimo internacional. Distorsiones
impositivas, que gravan a los buques de bandera de un modo que los
vuelve poco menos que imposibles para ofrecer fletes en valores
competitivos. Dificultades extremas, en comparación con las
restantes banderas, para la importación e incorporación de
embarcaciones. Impuestos a la carga de gas-oil, destinados a
subsidiar al camión, con lo cual, en la Argentina, el flete más
eficiente subsidia al más ineficiente y consumidor de combustibles
fósiles. Hablamos, hoy, de día marítimo mundial, en un país en el
que el buque financia la creación y sostenimiento de su propia
competencia, contra la cual finalmente no puede competir.
“Impuestos
al trabajo” que logran, como en el caso comparativo con el
Paraguay, que el Armador argentino pague actualmente por salarios a
sus tripulaciones más que un Armador paraguayo, pero que los
tripulantes argentinos perciban en salario un 20 % menos.
Y
también debe decirse: tripulaciones argentinas que suelen tener
índices elevados de ausentismo. Por citar un ejemplo, los
tripulantes argentinos tenemos 8 veces más ausentismo por enfermedad
y accidente que los paraguayos. Esto último lo comento, porque la
debacle de la marina mercante argentina no tiene que ver ni con un
solo sector de responsabilidad, ni con una ley determinada, ni con un
específico impuesto o gravamen, ni con una infantil asignación de
culpas o de maldades a nadie. Todos los actores marítimos tenemos
algo que ver con la desaparición de la marina mercante argentina.
Todos hemos hecho algo para hacerla virtualmente inviable.
Para
retomar el criterio de “Desarrollo Sostenible” con que se refirió
el Secretario de Naciones Unidas al Día Marítimo Mundial 2016,
debiéramos estar hoy preocupados por los pilares de desarrollo
económico y social. Excepto que, deliberadamente, descartemos del
desarrollo económico y social argentino a la Marina Mercante y, con
ella, a la industria naval y servicios relacionados.
Si
nuestra opción es el renacimiento de la actividad, debiéramos
entonces estar hoy preocupados por cómo volver a desarrollar una
marina mercante de bandera, sin la cual, los productos primarios de
exportación no tendrán siquiera el flete nacional en la cadena de
valor. País que se especializará en la exportación de materias
primas no solo para que otros las transformen, sino también para que
sean otros quienes íntegramente las transporten.
Debiéramos
pensar en las posibilidades de desarrollo de esa marina mercante,
pero descartando la retórica optimista y vacía de contenido, o
referenciada con un pasado idealizado que no volverá. Al respecto,
sostenía Scalabrini Ortiz, en su prólogo a Política Británica en
el Río de la Plata: “Volver a la realidad es el imperativo
inexcusable. (La realidad) es a veces dolorosa, pero es el único
cimiento incorruptible en que pueden fundarse pensamientos sólidos y
esperanzas”. Y agregaría que la realidad es la que es, no la que
nos gustaría que fuera. Las banderas de conveniencia son una
realidad que no podemos modificar, pero sí podemos trabajar para que
la bandera argentina sea conveniente. Eso sí lo podemos hacer.
Y
en ese sentido, resulta curioso que al día de hoy, en lugar de
plantearnos qué acciones podemos tomar para que la bandera argentina
sea conveniente para un empresario naviero, en lugar de promover la
expansión efectiva de la marina mercante, estemos disputando los
actores marítimos sobre la minúscula porción de actividad mercante
que ha quedado con bandera argentina. Así, percibimos cómo un
hipotético proyecto de formación de marinos mercantes, pareciera
estar siendo elaborado entre las sombras, para ser impuesto en forma
abrupta respondiendo acaso a intereses sectoriales.
Así
también, pareciera estar dándose forma a un proyecto según el
cual, la navegación interior argentina y sus correspondientes
requisitos de embarco, se regirían según las certificaciones
internacionales de los buques, cosa que ni los Estados Unidos habrían
dispuesto para su navegación interior, ni la Unión Europea para el
Rhin. Arturo Jauretche sostenía, en su epílogo montevideano a Los
Profetas del Odio, medio siglo atrás, que “del cabotaje se
pasa directamente a la marina de ultramar”. La Argentina
actual pareciera ir en sentido contrario: estaríamos por preferir
que la marina de ultramar se repliegue sobre el cabotaje y la
navegación interior. Toda una paradoja para el Día Marítimo
Mundial: tal vez debiéramos analizar nuestra propia vocación por
navegar los mares del mundo, cuando los marinos argentinos
pareciéramos querer resguardarnos en nuestro propio cabotaje y ríos
interiores. Casi un símbolo, o un síntoma, de nuestra eventual
escasa predisposición por ver al mundo como es.
Por
último, para abordar cuestiones de mayor contacto con la realidad
local, desearía puntualizar la persistencia en el tiempo de empresas
y embarcaciones locales por fuera de las convenciones marítimas de
trabajo, particularmente en el sector turístico, que promueven una
competencia distorsionada que afecta a empresas y trabajadores
embarcados que cumplen las normativas de trabajo. Del mismo modo,
deseo mencionar que el encuadramiento de los marinos mercantes guarda
vinculación con su actividad profesional, y no con los propósitos
comerciales de las empresas. El embarcado es un marino mercante, y su
afiliación gremial es a su vez voluntaria, no coercitiva. Es decir,
no coercitiva tanto por gremios, como por empresas.
Este cúmulo de cuestiones que acabo de describir, no tiene el propósito de deslucir un encuentro como el presente sino, por el contrario, proponer una profunda reflexión acerca del sentido de conmemorar el “Día Marítimo Mundial”.
A menudo, las conmemoraciones conducen a la dulcificación de las palabras. Creo que la problemática de la Marina mercante de bandera argentina debe invitar a la propuesta de soluciones realistas y concretas. En términos vulgares, diría que hay que crear condiciones para empresarios navieros que quieran invertir y arriesgar, para ganar. Pero que es estéril, a través de todas las leyes y normativas que se nos ocurran con los mejores propósitos declamativos, salir a buscar empresarios que a priori quieran perder plata.
En
este último caso, el futuro será el de la desaparición de la
marina mercante de bandera. Y en los futuros años seguiremos
reuniéndonos para conmemorar el día marítimo mundial, pero no
tendremos, como país, ni arte ni parte en el concierto de las
naciones marítimas del mundo. Y a nivel local, seguiremos en un
mercado turístico marítimo completamente distorsionado, donde
cumplir o no con las normas laborales y los encuadramientos por
actividad será exactamente lo mismo, ante la indiferencia general.
Una suerte de bandera de conveniencia pero enarbolando la misma
bandera argentina, a la cual unos podrán acogerse y otros no, según
les parezca.
Es
perturbador no tener respuestas ante las empresas que cumplen con las
convenciones colectivas de trabajo (mencionadas en el art. 139 de la
Ley de la Navegación), y que de tal modo están sometidas a
distorsiones competitivas, dado que en el mercado turístico del
Canal Beagle no todas adhieren al cumplimiento de las normas
nacionales del trabajo marítimo. Del mismo modo, es perturbador que
un trabajador manifieste temer afiliarse al gremio que desee o que
corresponda según su actividad. No solo cuando se trata de
trabajador marítimo de empresa privada, sino también, como sucede a
menudo, cuando el embarcado lo es de una institución estatal.
Para
no extenderme en consideraciones que ya han sido puntualizadas,
invito a los presentes a aprovechar esta conmemoración para repensar
al país marítimo, y dentro de él a nuestra provincia,
esencialmente marítima, tratando de buscar y proponer soluciones
viables y realistas, que promuevan un efectivo desarrollo del sector,
y una relación armónica entre todos los sectores involucrados.
En
nombre de la Delegación Tierra del Fuego de la Liga Naval Argentina, del Centro
de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y Cabotaje Marítimo, y
de la Universidad Tecnológica Nacional – Facultad Regional Río
Grande – Ingeniería Pesquera Ushuaia, agradezco nuevamente a la
Prefectura Naval Argentina la invitación a exponer en esta
conmemoración del Día Marítimo Mundial. Y particularmente
agradezco que su invitación involucrara la libertad en la
elaboración de la exposición, lo cual habla muy bien del espíritu
respetuoso de la Autoridad Marítima Nacional por todas las posturas
y opiniones de los actores involucrados en el desarrollo marítimo
del país.
